Gustav Klimt fue el más famoso
de los artistas austriacos de su tiempo. Pero pese a eso, los aspectos
personales de su biografía son todavía hoy un misterio apenas desvelado.
Sólo es posible revisar los hechos de su trayectoria pública; algo a
toda luces insuficiente para esclarecer las complejidades de una obra
refinada y hermética, cuyo elaborado simbolismo se atiene a menudo a
claves íntimas.
Nació en Baumgarten, cerca de Viena, en el seno de una familia de
tradición artesana que, en parte, reflejaba la pluralidad nacional del
Imperio austrohúngaro. Su madre era vienesa, y su padre, Ernst Klimt,
orfebre de origen bohemio que orientó a sus tres hijos varones –del
matrimonio nacieron también cuatro hijas- hacia su mismo camino
profesional.
De esta forma, Gustav Klimt, el
mayor de los varones, ingresa en 1876 en la Escuela de Artes Aplicadas
del Museo Imperial de Arte e Industria de Viena, institución fundada
pocos años antes con el fin de mejorar la situación de las artes
industriales en el Imperio. Allí se hará con una sólida formación
técnica y teórica y, al terminar sus estudios en 1883, constituye con su
hermano Ernst y su compañero Franz Matsch la “Compañía de artistas”.
La Administración imperial estaba
empeñada en la promoción de las artes decorativas, y el proyecto
monumental de la Ringstarre –una avenida circular en torno al casco
histórico de Viena donde se localizarían los principales edificios
institucionales y culturales del Imperio-, entonces en plena
realización, proporcionaba una inmejorable oportunidad a artistas,
arquitectos y artesanos. Después de foguearse en algunos encargos lejos
de la capital –como la decoración del Teatro Municipal del Fiume, en
Croacia, entre 1883 y 1885-, los tres socios decoran la escalinata del
Burgtheater entre 1886 y 1888 y, tres años después, su éxito les vale el
encargo de las pinturas decorativas para las enjutas e intercolumnios
de la escalera del Museo de Historia del Arte, otro de los grandes
edificios de la Ringstrasse.
En 1888, por otra parte, Klimt había
pintado para el concejo vienés una vista interior del viejo Burgtheater
que le valió en 1890 el Premio del Emperador. Con menos de treinta
años, Klimt era ya uno de los artistas más prestigiosos de Viena.
La muerte de Ernst en 1892 pone fin a la “Compañía de artistas”, pero la
reputación de Klimt alcanza su cima apenas dos años después, con el
encargo de tres paneles sobre la Filosofía, la Medicina y la
Jurisprudencia para el techo del Aula Magna de la Universidad, también
en el Ringstrasse vienesa. A partir de entonces, el idilio de Klimt con
la Aministración imperial empieza a enturbiarse. Así, en 1897, el pintor
encabeza la fundación de la Secesión, un grupo de artistas y
arquitectos vieneses que se separa de la Asociación de Artistas con la
declarada voluntad de afirmar la modernidad artística y poner la escena
vienesa en contacto con las nuevas tendencias europeas.
En 1905, Klimt y otros artistas
próximos a él abandonan la Secesión, aunque mantienen los mismos
ideales, expresados en la gran exposición de la Kunstschau de 1908.
Klimt no se casó, aunque tuvo varios hijos naturales, de los que reconoció al menos tres.
La obra de Gustav Klimt reúne:
la singularidad, la impresión de que en ella se encierran claves
íntimas; pero, al mismo tiempo, es una síntesis casi exhaustiva de las
inquietudes, tendencias y lenguajes de la convulsa escena artística
moderna europea de los años del cambio de siglo. Klimt
alentó la modernización y la apertura del arte austriaco a las
tendencias europeas; en él confluyen la influencia del Jugendstil alemán
de Munich, el Modern Style escocés de Mackintosh y la lección de
impresionistas y posimpresionistas franceses con la herencia simbolista
del romanticismo alemán y nórdico.
El objetivo de Klimt era un arte idealista y autorreferencial, liberado
de hipotecas y compromisos más allá de sus exigencias intrínsecas.
Salvo contadas excepciones, consagró sólo a mujeres su celebrada faceta
de retratista y sus personajes alegóricos encuentran una traducción
femenina. El significado de lo femenino en Klimt siempre ha sido un
asunto controvertido para la crítica. La mujer es el catalizador mítico
del simbolismo de Klimt, imagen de la vida y de la muerte; amenaza y promesa a un tiempo.
miércoles, 6 de junio de 2012
fotometría
Medida de la intensidad luminosa de una fuente de luz, o de la cantidad
de flujo luminoso que incide sobre una superficie. La fotometría es
importante en fotografía, astronomía e ingeniería de iluminación. Los
instrumentos empleados para la fotometría se denominan fotómetros.
Las ondas de luz estimulan el ojo humano en diferentes grados según su longitud de onda. Como es difícil fabricar un instrumento con la misma sensibilidad que el ojo humano para las distintas longitudes de onda, muchos fotómetros requieren un observador humano. Los fotómetros fotoeléctricos necesitan filtros coloreados especiales para responder igual que el ojo humano.
La intensidad de una fuente de luz se mide en candelas, generalmente comparándola con una fuente patrón. Se iluminan zonas adyacentes de una ventana con las fuentes conocida y desconocida y se ajusta la distancia de las fuentes hasta que la iluminación de ambas zonas sea la misma. La intensidad relativa se calcula entonces sabiendo que la iluminación decrece con el cuadrado de la distancia.
fotometría con cometas
Las ondas de luz estimulan el ojo humano en diferentes grados según su longitud de onda. Como es difícil fabricar un instrumento con la misma sensibilidad que el ojo humano para las distintas longitudes de onda, muchos fotómetros requieren un observador humano. Los fotómetros fotoeléctricos necesitan filtros coloreados especiales para responder igual que el ojo humano.
La intensidad de una fuente de luz se mide en candelas, generalmente comparándola con una fuente patrón. Se iluminan zonas adyacentes de una ventana con las fuentes conocida y desconocida y se ajusta la distancia de las fuentes hasta que la iluminación de ambas zonas sea la misma. La intensidad relativa se calcula entonces sabiendo que la iluminación decrece con el cuadrado de la distancia.
fotometría con cometas
lunes, 4 de junio de 2012
canon digital ixus
Impresión directa, compatibilidad USB 2.0, filtro de colores primarios
RGB, soporte de DPOF, control de brillo de la pantalla, detección de
orientación de la cámara, soporte de PictBridge, visualización de
histograma, bloqueo de exposición automática, bloqueo de AF, disparador
automático de detección de sonrisas, detección de rostros AF/AE/FE/WB,
auto temporizador de detección de caras, sistema i-Contrast (corrección
de contraste inteligente), tecnología de detección de escenario,
corrección del efecto ojos rojos integrado en la cámara, teleconversor
digital, zoom de seguridad, admite impresión de Exif, tecnología de
detección de sonrisas, Autotemporizador de parpadeo, Exposición con
flash inteligente, Sistema HS
120 euros, para una cámara que sin ser del otro mundo, cumple.
120 euros, para una cámara que sin ser del otro mundo, cumple.
sábado, 2 de junio de 2012
todos los hombres del presidente
El mes de junio, todos los diarios del planeta sacaban el portada el
nombre y el cargo que en 1972 tenía Garganta Profunda. Corroborado más
tarde por el propio diario, la fuente era Mark Felt, de 91 años de edad,
que, en los meses en que el Post publicaba todo lo que conseguía
averiguar sobre las escuchas de los republicanos, era el número dos del
FBI. Bob Woodward y Carl Bernstein, los dos periodistas del Post juraron
que nunca revelarían la identidad de su fuente hasta que ésta muriera y
la verdad es que estaban cumpliendo su palabra hasta que Felt apareció
en las páginas de Vanity Fair, situación que llevó al Post a entrar en
acción, confirmando que la identidad de Garganta Profunda era cierta,
Mark Felt era quien se reunía con Woodward para llevarle por el buen
camino.
El escándalo que acabó obligando a Richard Nixon a dimitir de su cargo de presidente de los Estados Unidos el 8 de agosto de 1974 salió a la luz la noche del 17 de junio de 1972, en plena campaña electoral, con la detención de cinco hombres en el complejo Watergate de la capital norteamericana, en las oficinas que el Partido Demócrata tenía en el edificio. El caso inédito de que un presidente dimitiera causó tal estupor en EEUU que rápidamente fue llevado al cine por dos de sus estrellas: Robert Redford y Dustin Hoffman en el papel de Woodward y Bernstein, respectivamente, además de Jason Robards como el carismático director de The Washington Post, Ben Bradlee, que se llevó el Oscar al mejor actor de reparto en la ceremonia de 1976. Dirigido por Alan J. Pakula, el film, basado en el libro que dio el Premio Pullitzer a los dos periodistas, “Todos Los Hombres Del Presidente”, comienza igual: Woodward recibe una llamada temprana en su diminuto apartamento a las afueras de Washington D.C., al otro lado de la línea está el redactor jefe que le ordena ir cuanto antes a los juzgados, ya que Al Lewis, veterano reportero nocturno del diario, ha estado en el Hotel Watergate y se ha enterado del arresto de cinco hombres que se encontraban en las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata. Woodward acepta refunfuñando (era un sábado por la mañana temprano) y se acerca a los juzgados donde descubre que los cinco tipos, provistos de guantes de goma, equipo fotográfico y diversos mecanismos de escucha, estaban siendo acusados de allanamiento para “robar documentos, pinchar teléfonos e instalar escuchas electrónicas”.
A primera vista, se trataba de un grupo de “fontaneros” –como se conocía a los que hacían el trabajo sucio de la Casa Blanca, pero más tarde Woodward escuchó que uno de ellos, James McCord, se declaraba ex agente de la CIA y funcionario de seguridad del Comité para la Reelección del presidente Nixon, algo que dejó al reportero fuera de lugar (en aquellos años, escuchar el nombre de CIA echaba a temblar a cualquiera y no menos a un reportero de calle de veintitantos años). Después de su regreso a la redacción y de informar al redactor jefe Harry Rosenfeld (interpretado por Jack Warden), éste le pasó los datos de Woodward a Howard Simons, digamos el brazo derecho de Bradlee, (interpretado por Martin Balsam). Los dos se reunieron en el despacho de Bradlee (excelente Jason Robards) y decidieron que tanto Woodward como Bernstein se hicieran cargo del caso. En el film se puede ver cómo Hoffman recoge los papeles mecanografiados por Redford para retocarlos y éste se levanta de su mesa para reprochárselo. Hoffman le dice que no está bien redactado y Redford le contesta que sólo debía de habérselos pedido. En ese momento llega Rosenfeld y les ordena que sigan el caso. La mirada entre los dos reporteros muestra la escasa simpatía que sentían el uno por el otro, especialmente Woodward (Redford), aunque la peligrosa y larga investigación les unirá en una buena amistad.
Durante el film, el espectador ve cómo Woodward recibe mensajes en el The New York Times, diario al que estaba suscrito, de su fuente anónima llamada por él mismo como Garganta Profunda, en honor al film pornográfico que se había estrenado ese mismo año y que había causado gran impacto. En una secuencia se ve a Woodward hablando con Garganta (interpretado en el film por Hal Halbrook, aunque no se le ve la cara) en un aparcamiento subterráneo de la capital. Garganta le irá guiando pero sin decirle demasiado hasta que en uno de los encuentros, con un Woodward ya agobiado por el caso, le aconseja que “siga el dinero”, cosa que harán los dos reporteros. Bernstein se desplaza a Miami para hablar con un oficinista en una secuencia en la cual Hoffman al ver que la secretaria de dicho empleado le da largas, se marcha y desde un teléfono público la llama haciéndose pasar por alguien de la empresa para que vaya, en ese momento Bernstein se cuela en el despacho y consigue un cheque de un donativo para la campaña de Nixon con el nombre de un señor que había asegurado por teléfono a Woodward que lo había enviado al comité de reelección. “Sigue el dinero”.
En otra escena, Bernstein, a altas horas de la noche, consigue ponerse en contacto telefónico con el fiscal general, quien en un arrebato de ira por cómo iba avanzando el caso, amenaza a la dueña del Washington Post, Katharine Graham (personaje que no aparece en la película), con “pillarse las tetas con la máquina de escribir”. La tensión del film va creciendo conforme la investigación va llegando a su final, un final que en la película se ve cómo Nixon habla por la televisión sobre su próxima victoria mientras Bernstein y Woodward escriben en sus máquinas de escribir los artículos que le obligarán a dimitir.
la película y el libro van de la mano, de echo este libro es el guión de la película y basicamente no hay ninguna diferencia, así que amigos, disfrutad del mayor escandalo político destapado de todos los tiempos. Y digo el mayor... porque salió a la luz, que seguramente haya trapos sucios de mayor calado, como la muerte de keneddy, como el reinado de los bush, y vete a saber si obama es realmente negro... hasta aquí puedo escribir.... para que el fbi no detecte mi solitario y aislado blog, y lo autodestruya en menos tiempo de lo que tarda jhon wayne en llevarse la mano al paquete. oh right.
El escándalo que acabó obligando a Richard Nixon a dimitir de su cargo de presidente de los Estados Unidos el 8 de agosto de 1974 salió a la luz la noche del 17 de junio de 1972, en plena campaña electoral, con la detención de cinco hombres en el complejo Watergate de la capital norteamericana, en las oficinas que el Partido Demócrata tenía en el edificio. El caso inédito de que un presidente dimitiera causó tal estupor en EEUU que rápidamente fue llevado al cine por dos de sus estrellas: Robert Redford y Dustin Hoffman en el papel de Woodward y Bernstein, respectivamente, además de Jason Robards como el carismático director de The Washington Post, Ben Bradlee, que se llevó el Oscar al mejor actor de reparto en la ceremonia de 1976. Dirigido por Alan J. Pakula, el film, basado en el libro que dio el Premio Pullitzer a los dos periodistas, “Todos Los Hombres Del Presidente”, comienza igual: Woodward recibe una llamada temprana en su diminuto apartamento a las afueras de Washington D.C., al otro lado de la línea está el redactor jefe que le ordena ir cuanto antes a los juzgados, ya que Al Lewis, veterano reportero nocturno del diario, ha estado en el Hotel Watergate y se ha enterado del arresto de cinco hombres que se encontraban en las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata. Woodward acepta refunfuñando (era un sábado por la mañana temprano) y se acerca a los juzgados donde descubre que los cinco tipos, provistos de guantes de goma, equipo fotográfico y diversos mecanismos de escucha, estaban siendo acusados de allanamiento para “robar documentos, pinchar teléfonos e instalar escuchas electrónicas”.
A primera vista, se trataba de un grupo de “fontaneros” –como se conocía a los que hacían el trabajo sucio de la Casa Blanca, pero más tarde Woodward escuchó que uno de ellos, James McCord, se declaraba ex agente de la CIA y funcionario de seguridad del Comité para la Reelección del presidente Nixon, algo que dejó al reportero fuera de lugar (en aquellos años, escuchar el nombre de CIA echaba a temblar a cualquiera y no menos a un reportero de calle de veintitantos años). Después de su regreso a la redacción y de informar al redactor jefe Harry Rosenfeld (interpretado por Jack Warden), éste le pasó los datos de Woodward a Howard Simons, digamos el brazo derecho de Bradlee, (interpretado por Martin Balsam). Los dos se reunieron en el despacho de Bradlee (excelente Jason Robards) y decidieron que tanto Woodward como Bernstein se hicieran cargo del caso. En el film se puede ver cómo Hoffman recoge los papeles mecanografiados por Redford para retocarlos y éste se levanta de su mesa para reprochárselo. Hoffman le dice que no está bien redactado y Redford le contesta que sólo debía de habérselos pedido. En ese momento llega Rosenfeld y les ordena que sigan el caso. La mirada entre los dos reporteros muestra la escasa simpatía que sentían el uno por el otro, especialmente Woodward (Redford), aunque la peligrosa y larga investigación les unirá en una buena amistad.
Durante el film, el espectador ve cómo Woodward recibe mensajes en el The New York Times, diario al que estaba suscrito, de su fuente anónima llamada por él mismo como Garganta Profunda, en honor al film pornográfico que se había estrenado ese mismo año y que había causado gran impacto. En una secuencia se ve a Woodward hablando con Garganta (interpretado en el film por Hal Halbrook, aunque no se le ve la cara) en un aparcamiento subterráneo de la capital. Garganta le irá guiando pero sin decirle demasiado hasta que en uno de los encuentros, con un Woodward ya agobiado por el caso, le aconseja que “siga el dinero”, cosa que harán los dos reporteros. Bernstein se desplaza a Miami para hablar con un oficinista en una secuencia en la cual Hoffman al ver que la secretaria de dicho empleado le da largas, se marcha y desde un teléfono público la llama haciéndose pasar por alguien de la empresa para que vaya, en ese momento Bernstein se cuela en el despacho y consigue un cheque de un donativo para la campaña de Nixon con el nombre de un señor que había asegurado por teléfono a Woodward que lo había enviado al comité de reelección. “Sigue el dinero”.
En otra escena, Bernstein, a altas horas de la noche, consigue ponerse en contacto telefónico con el fiscal general, quien en un arrebato de ira por cómo iba avanzando el caso, amenaza a la dueña del Washington Post, Katharine Graham (personaje que no aparece en la película), con “pillarse las tetas con la máquina de escribir”. La tensión del film va creciendo conforme la investigación va llegando a su final, un final que en la película se ve cómo Nixon habla por la televisión sobre su próxima victoria mientras Bernstein y Woodward escriben en sus máquinas de escribir los artículos que le obligarán a dimitir.
la película y el libro van de la mano, de echo este libro es el guión de la película y basicamente no hay ninguna diferencia, así que amigos, disfrutad del mayor escandalo político destapado de todos los tiempos. Y digo el mayor... porque salió a la luz, que seguramente haya trapos sucios de mayor calado, como la muerte de keneddy, como el reinado de los bush, y vete a saber si obama es realmente negro... hasta aquí puedo escribir.... para que el fbi no detecte mi solitario y aislado blog, y lo autodestruya en menos tiempo de lo que tarda jhon wayne en llevarse la mano al paquete. oh right.
fotografía de alta velocidad
a fotografía de alta velocidad es una técnica
fotográfica que se usa para congelar el movimiento de objetos o
situaciones que ocurren en fracciones de tiempo muy pequeñas. Seguro que
habéis visto más de una imagen de este tipo, suelen ser bastante sorprendentes.
Para realizarlas normalmente se utilizan cámaras de vídeo que puedan grabar a alta velocidad entre 200 y 30.000 fps, pero además de caras y dedicadas suelen tener menos resolución que una réflex digital. Además, si fueran baratas nos evitarían que tener que recurrir al ingenio y al bricolaje para imitarlas, y eso sería el fin.
Hacía tiempo que le tenía ganas a esta técnica fotográfica, así que durante estas vacaciones, con la ayuda de un amigo al que también le gusta enredar y fotografiar lo enredado, nos pusimos como meta hacer fotografía casera de alta velocidad. Las ideas básicas las sacamos investigando un poco por internet. Los medios chapuceros y los resultados son totalmente de factura propia, empecemos con ello.
La fotografía de alta velocidad o congelamiento de movimiento rápido es un maravilloso campo creativo en cuánto a efectos fotográficos se trata.
Este tipo de imágenes, más allá del mundo artístico, se utiliza especialmente en física, en investigaciones sobre la salud y sobre todo en deportes.
La clásica captura fotográfica de alta velocidad son las imágenes de globos de agua que explotan o gotas que caen sobre agua formando un cuenco y salpicaduras que a nuestros ojos suelen ser casi imperceptibles.
El descubrimiento de este tipo de imágenes data del año 1948, cuando la Society of Motion Picture and Television Engineers (SMPTE), la define como un conjunto de fotos capturadas por una cámara capaz de registrar 128 fotogramas por segundo o más, y de, al menos, tres fotogramas consecutivos.
A partir de ese momento cuando hablamos de fotografías de alta velocidad estamos haciendo referencia a alguno de estos significados o a ambos.
En el caso de la primera definición, es justamente, cuando registramos una imagen en la que se congela el movimiento; en la segunda definición, en cambio, es cuando realizamos una serie de fotos que pueden ser tomadas en un muestreo de alta frecuencia o alta velocidad de fs.
En cuanto a ajustes de la cámara para este tipo de fotografías, estamos hablando sobre todo de la velocidad de obturación.
Muchas cosas nos condicionan al momento de seleccionar la velocidad de obturación, por ejemplo: la velocidad del motivo de nuestra escena, la distancia que haya entre éste y nosotros y la luz disponible.
En todos los casos para realizar fotos de alta velocidad necesitaremos recurrir a una muy alta velocidad de obturación, sobre todo si añadido al movimiento nos encontramos en condiciones de luz escasa.
Como en todo, esto se logra experimentando con las diferentes velocidades de obturación para comprender mejor el manejo de tu cámara y realizando múltiples fotografías cambiando los ángulos de luz y distancia del sujeto en movimiento.
Para realizarlas normalmente se utilizan cámaras de vídeo que puedan grabar a alta velocidad entre 200 y 30.000 fps, pero además de caras y dedicadas suelen tener menos resolución que una réflex digital. Además, si fueran baratas nos evitarían que tener que recurrir al ingenio y al bricolaje para imitarlas, y eso sería el fin.
Hacía tiempo que le tenía ganas a esta técnica fotográfica, así que durante estas vacaciones, con la ayuda de un amigo al que también le gusta enredar y fotografiar lo enredado, nos pusimos como meta hacer fotografía casera de alta velocidad. Las ideas básicas las sacamos investigando un poco por internet. Los medios chapuceros y los resultados son totalmente de factura propia, empecemos con ello.
Qué vamos a hacer
Trataré de explicar como hacer tomas únicas, quizás otro día podamos practicar con las multiples a partir de un estroboscopio o varios flashes, a cosas que ocurren muy rápido, normalmente cosas que se rompen, no por nada especial, sino porque suele resultar más divertido. A partir de ahora a ese momento de rotura o explosión le llamaremos suceso, que queda más técnico. Lo más importante es hacer coincidir el disparo de la cámara con el momento en que ocurre el suceso y la forma más fácil y páctica es realizar un destello de flash lo más corto posible en el momento justo.Cómo lo vamos a hacer
Para hacer que el flash salte hay que cortocircuitarle, dudo que exista esta palabra pero es que es lo que hay que hacer, cortocircuitarle. Es tan simple como conectar dos cables a los contactos adecuados del flash y hacer que los cables entren en contacto por el otro extremo. Para hacerlos entrar en contacto justo en el momento del suceso, hay varias fórmulas:- Disparadores por movimiento con barreras de rayos infrarrojos o láser, caros y complicados.
- Disparadores por sonido, caros y complicados.
- Cojer un cable con cada mano y juntarlo en el momento del suceso, barato y fácil pero muy poco efectivo.
- Utilizar una pistola o escopeta de perdigones para el suceso y para cortocircuitar, facil, efectivo y barato, siempre y cuando no tengamos que comprar la escopeta. Ésta es la nuestra.
- Cámara de fotos con capacidad de disparo en bulb o al menos 10 segundos, no es necesario que sea réflex, aunque sí recomendable.
- Trípode.
- Flash externo con capacidad para bajar la potencia de disparo y producir un destello lo más corto posible.
- Pistola o escopeta de perdigones.
- Mordazas o sargentos para sujetar bien la pistola.
- Recipiente con boca ancha y fondo, preferentemente de metal, para evitar pegarle un perdigonazo a alguien que pase por allí cerca.
- Un buen trozo de tela negra.
- Cable fino de dos hilos, vale cualquiera, nosotros utilizamos el de teléfono que es dúctil y ligero.
- Papel de plata o cinta adhesiva plateada, tiene que ser conductora, de electricidad se entiende.
- Tijeras, cuter, cinta americana, pinzas de la ropa, alambre, cartón… osea, lo típico de un chapuzas.
- Cosas para romper y fotografiar mientras se rompen: huevos, bombillas, globos…
- Escoba, recogedor y fregona para limpiar el desastre que vamos a liar.
- Una buena excusa para convencer a nuestra pareja de que nos deje hacerlo, o si ya lo hemos hecho, que parezca que ha sido por puro accidente.
- Buscaremos un lugar en el que no molestemos mucho, un trastero o garaje, y que quede a oscuras, ya que deberemos tener suficiente oscuridad para hacer las fotos.
También necesitaremos que sea un poco amplio para colocar todos los
artilugios, un espacio de 3 × 4 metros será suficiente . Nosotros lo
hicimos en la calle, así que no nos quedó más remedio que esperar a que
anocheciera.
Os dejo que vayáis reuniendo todo el material, y pidiendo los permisos necesarios a la autoridad competente, mientras escribo la segunda parte.
Vamos a dar los últimos toques a todo el proceso, paso por paso y por orden para no dejarnos nada en el camino. Esta última explicación ya sirve para hacer las fotografías, podemos probar con algo grande y no muy pringoso como un globo lleno de agua, ya tendremos tiempo de romper otras cosas:
- Antes de nada podemos hacer una prueba de disparo para comprobar que el flash salta cuando el perdigón impacta contra el disparador de papel de plata. Acordaos de sustituir o separar bien las dos hojas de papel entre uno y otro disparo para que no queden en contacto.
- Ya funciona el disparador y lo tenemos todo perfectamente alineado, así que colocamos al sujeto en el punto de impacto.
- Montamos la cámara sobre su trípode a una distancia prudencial para evitar que sufra algún accidente. Seleccionamos el modo manual, una apertura media f:4,5 ó 5,6, el tiempo de exposición en bulb y ponemos, de momento, el ISO más bajo. Como objetivo usaremos un tele medio, entre 70 y 135 mm estará bien.
- Instalamos el flash entre el sujeto y la cámara, en una posición más baja para que no salga en medio del encuadre, lo encendemos y ajustamos el selector de potencia a la mínima posible. Nosotros usamos 1/64 porque el flash no daba para menos, con esto conseguiremos un destello muy corto, pero ojo porque también dará menos luz.
- Enfocamos bien el sujeto en manual, no pongáis el autofocus porque se volverá loca cuando no haya luz, y hacemos una prueba de iluminación. Para ello apagamos la luz e iniciamos el disparo de la cámara en bulb, hacemos saltar el flash haciéndo contacto con un cable en las dos láminas y terminamos en disparo en bulb. Luego encendemos la luz y examinamos la prueba, si está subexpuesta habrá que acercar un poco más el flash o subir un punto la ISO. Haremos las pruebas necesarias hasta que esté correctamente expuesta.
- Llega el momento esperado. Cargamos la pistola, apagamos las luces, iniciamos el disparo en la cámara y “BAAANG“. Cuidado, antes de encender la luz y revisar el resultado hay que acabar el disparo en bulb para no quemar la foto. Si todo ha ido bien tendrás una hermosa instantanea de algo reventando, enhorabuena, es tu primera fotografía de alta velocidad.
La fotografía de alta velocidad o congelamiento de movimiento rápido es un maravilloso campo creativo en cuánto a efectos fotográficos se trata.
Este tipo de imágenes, más allá del mundo artístico, se utiliza especialmente en física, en investigaciones sobre la salud y sobre todo en deportes.
La clásica captura fotográfica de alta velocidad son las imágenes de globos de agua que explotan o gotas que caen sobre agua formando un cuenco y salpicaduras que a nuestros ojos suelen ser casi imperceptibles.
El descubrimiento de este tipo de imágenes data del año 1948, cuando la Society of Motion Picture and Television Engineers (SMPTE), la define como un conjunto de fotos capturadas por una cámara capaz de registrar 128 fotogramas por segundo o más, y de, al menos, tres fotogramas consecutivos.
A partir de ese momento cuando hablamos de fotografías de alta velocidad estamos haciendo referencia a alguno de estos significados o a ambos.
En el caso de la primera definición, es justamente, cuando registramos una imagen en la que se congela el movimiento; en la segunda definición, en cambio, es cuando realizamos una serie de fotos que pueden ser tomadas en un muestreo de alta frecuencia o alta velocidad de fs.
En cuanto a ajustes de la cámara para este tipo de fotografías, estamos hablando sobre todo de la velocidad de obturación.
Muchas cosas nos condicionan al momento de seleccionar la velocidad de obturación, por ejemplo: la velocidad del motivo de nuestra escena, la distancia que haya entre éste y nosotros y la luz disponible.
En todos los casos para realizar fotos de alta velocidad necesitaremos recurrir a una muy alta velocidad de obturación, sobre todo si añadido al movimiento nos encontramos en condiciones de luz escasa.
Como en todo, esto se logra experimentando con las diferentes velocidades de obturación para comprender mejor el manejo de tu cámara y realizando múltiples fotografías cambiando los ángulos de luz y distancia del sujeto en movimiento.
lunes, 28 de mayo de 2012
técnicas surrealistas
El surrealismo inundó la fotografía de artistas como Man Ray que ya
había practicado el dadaísmo. Tomó de este movimiento algunas técnicas
como el collage y las llevó más allá creando otras nuevas.
Los llamados "object trouvé" u "objetos encontrados" serán ampliamente representados en la fotografía surrealista.
Otras técnicas muy extendidas en el mundo de la imagen son los rayogramas de Man Ray, las schadografías de Christian Schad o los fotogramas de Moholy-Nagy.
El modo de trabajar de estos fotógrafos se basaba en el automatismo, en la representación inconsciente de la realidad y en la manipulación de sus imágenes.
Sería en 1900 con el llamado movimiento pictorialista cuando se formuló claramente el propósito de equiparar la fotografía a la pintura, donde ya se daba la manipulación, son las llamadas “impresiones nobles” que transformaban el positivo en una obra única, pero el pictorialismo no iba más allá de un intento de alineación de la fotografía con la pintura (1).
Esta tendencia se mantendrá hasta después de la Primera Guerra Mundial en que la fotografía se empiece a considerar como elemento de un lenguaje plástico. Son años en los que surgen varias tendencias para la utilización de la fotografía, con planteamientos y fines distintos, pero que tienen en común la idea de que la imagen lumínica es algo diferente que no tiene por qué imitar la pintura y que expresa perfectamente lo que es el siglo XX, que parece arrancar tras la Gran Guerra.
Es un lenguaje nuevo que reconocen todos los “ismos” vanguardistas, es la expresión de la modernidad, totalmente identificada con los Estados Unidos, donde destacan figuras como el alemán Stielglitz o Steichen, que supieron dar el paso para abandonar la fotografía decimonónica por una fotografía directa y libre.
Hay que resaltar en este aspecto el papel pionero de los futuristas italianos que, antes de la Gran Guerra, comenzaron a utilizar la fotografía en su vertiente vanguardista. También anterior a la Primera Guerra Mundial fue la vertiente vorticista y las llamadas “schadografías”, obra de Schad que fueron ensalzadas por Tristan Tzara como expresión dadaísta.
El mismo Tzara haría el prólogo en 1922 de la exposición de los doce “rayogramas” que presentó Man Ray bajo el título “Les Champs déliciux”. En el mismo ámbito estaba Laszlo Moholy-Nagy, que denominó a sus obras fotogramas.
Este tipo de fotografías de Schad, Man Ray o Moholy-Nagy, vienen a ser lo que Talbot denominó en 1839 “photogenic drawings”, esto es una imagen negativa obtenida por la impresión directa de objetos colocados encima de la superficie fotosensible sin el intermedio de la cámara.(2)
El modelo soviético también es punto de visión para las vanguardias europeas, como es el caso del constructivismo, que tuvo gran acogida en Alemania y que recurre con gran frecuencia al fotomontaje.
A este uso del fotomontaje se opone la “Nueva Objetividad”, cuyo principal componente es Albert Renger-Patzch, que no quiere recurrir a ningún trucaje sino que pretende únicamente expresar lo que se ofrece a la vista, a través de la capacidad selectiva de la cámara. El grupo californiano f/64 surge casi simultáneamente buscando en la obra la precisión y la nitidez, precognizando lo que será la fotografía pura.
Pero ciertamente, donde la fotografía jugará el papel más influyente será en la definición del espíritu surrealista de la época, siendo la manera en la que la cámara veía el mundo, lo que ayudara a consolidar el ideario surrealista. De este modo lo fotográfico imprimirá nuevos aires en los modos de percepción de la vanguardia.(3)
Lo que el surrealimo absorbió del modelo fotográfico fue fundamentalmente su modo de operar y proceder en imágenes mediante la articulación inconsciente de la realidad, para ello se sirvió de dos procedimientos: las fotografías manipuladas, o surrealismo técnico, y las que no fueron manipuladas, o surrealismo “encontrado”(4)
Respecto a las fotografías manipuladas, fueron bastantes las técnicas inventadas para transmitir conceptos surrealistas como el automatismo y la libre asociación de ideas.
Para comprender como la fotografía puede traducir estas ideas surrealistas, hay que recordar que la manipulación de la imagen es plenamente aceptable en cuanto a que rompe las reglas de la realidad y libera la invención y la creatividad. Se producen así extrañas formas que rozan lo onírico y que ayudan al inconsciente a aflorar por medio de los sentidos.
Sin embargo fue grande el número de los fotógrafos surrealistas que no presentaron una realidad distorsionada a través de la cámara, sino que asumieron en sus imágenes el carácter documental que éstas poseen gracias a su inevitable condición de registros mecánicos, y que no hacen más que transmitir los llamados “objetos encontrados”.
La temática de las fotografías surrealistas
Si el movimiento surrealista estuvo interesado por renovar la psicología, la filosofía, la etnografía, la antropología y por supuesto, la sociología(5), no es extraño que encontremos en sus fotografías estos temas; así es que habiéndose convertido la fotografía en uno de los vehículos más eficientes y presentes en el proyecto surrealista, el movimiento acabó asumiendo el medio fotográfico no sólo con un carácter artístico, sino también con otros aspectos divulgativos- para ilustrar sus revistas o libros(6)-, como retratístico de los miembros del movimiento, como medio para conocer otras culturas lejanas, etc.
Podemos entonces encontrar numerosas fotografías de las calles de París, unas que no se diferenciarían de cualquier otra fotografía, y otras que aprovechan acontecimientos que marcan la introducción en la vida cotidiana, de fuerzas irracionales, así como de elementos captados por la cámara al azar, resaltando de este modo la azaridad de las cosas y estableciendo con ello un vínculo con la escritura automática.
Tenemos también numerosas imágenes que muestran objetos cotidianos pero que, al presentarse descontextualizados, llegan a alcanzar otras dimensiones, lo cual no implica que se trate de imágenes menos multidimensionales que las manipuladas, ya que se rompe igualmente la asociación normal, como ocurre con las pinturas y las fotografías de Magritte, cuyos enigmas dependen de las interrelaciones de simples objetos y las asociaciones que ellos despiertan.
Brassaï también utilizó imágenes sin trastocar, en las que pretendía encontrar, sin ninguna intervención, las figuras ocultas que yacen en cada imagen mental. La fotografía se convierte así en la materia prima, en el punto de partida de las mutaciones y las transmutaciones de los objetos.
Además Brassaï ejecutó series de fotografías de graffitis de las calles de París que para el autor llevaban a vías sugestivas para la imaginación que intentaban liberar efectos alucinatorios a través de la contemplación, y así se puede usar el graffiti como el punto de partida para la meditación, permitiendo al espectador derivar el graffiti en imágenes de su propia imaginación.
Otro tema utilizado en las fotografías surrealistas es aquel que busca una mitología contemporánea(7), donde en vez de tener dioses y diosas habría personificaciones de nuestros temores, frustraciones o dilemas. Las personas retratadas no se representan -a no ser que se trate de un retrato- como individuos, sino como símbolos de los estados de la mente.
Son numerosas las fotografías de cuerpos femeninos, utilizados como objeto surrealista, al igual que en la pintura. Por ejemplo Bellmer utilizó la imagen de niña-mujer como seductora erótica en sus variaciones en la construcción de muñecas articuladas, para lo que se valió de un maniquí que ensamblaba para hacer figuras imposibles que rozan con el inconsciente (imagen 1).
Y es que los surrealistas reinventan el cuerpo femenino como síntoma, lo inmovilizan como maniquí, lo someten a un proceso de fetichización que, como dice años más tarde Laura Mulvey, no habla de su placer, sino de su miedo(8).
Sí es cierto que en la fotografía abundan los cuerpos, pero no siempre es el femenino, pongamos por ejemplo los dedos y pies gigantes de Boiffard, de los que no se sabe a quien pertenecen y que además no se muestran como parte integrante de la totalidad de un cuerpo, sino que toman una autonomía propia que también nos lleva a un campo onírico, un tanto monstruoso (imagen 2)
Además la distorsión del cuerpo humano es un tema habitual en la imaginería surrealista. Herbert Bayer, Nathan Lerner o André Kertesz tienen ejemplos de este tipo de representación del cuerpo (imagen 3)
Por su parte Bill Brandt realizó numerosas distorsiones del cuerpo femenino, mientras que Phillipe Halsman recopiló retratos distorsionados de Salvador Dalí
Pero el cuerpo humano también se utilizó unido a su imagen especular, de este modo se produce la emanación del inconsciente en la imagen reflejada al ser enfrentada a su imagen real. Por ejemplo las distorsiones de Kertesz profundizaron en esta doble interpretación del espejo, desdoblamiento por un lado y extrañeza por el otro, y crea así una serie entera dedicada a este efecto (imagen 4) En otros casos prima el efecto deformante por sí mismo del espejo, sin que aparezca la en la fotografía la imagen que sirve de referente.
Además de esta representación del cuerpo humano, no es extraño encontrar fotografías de objetos que por sí mismos son surrealistas, independientemente de su plasmación o no en el papel, así como objetos fabricados con el único propósito de fotografiarlos.
Las técnicas empleadas en la fotografía surrealista Como queda dicho, los fotógrafos surrealistas utilizaron técnicas como el pintar los negativos, duplicar y triplicar la exposición, la solarización y también el método de la fotografía sin cámara que Man Ray denominara rayografía (imagen 5). Estas rayografías eran la equivalencia en la fotografía de la escritura automática(9).
También se inventaron otras técnicas adicionales para la fotografía surrealista, así por ejemplo Guerin juntó dos negativos, uno de un paisaje convencional, y otro de una cristalización producto de haber permitido que cerveza u otros líquidos cristalizaran en un cristal. Esto entra en relación con lo que Max Ernst hacía en su organización subjetiva del reino animal, vegetal y mineral.
Única en el surrealismo, es la técnica inventada con total desconocimiento de esta anterior, viene de la mano de Raoul Ubac y al americano David Hare, se denomina Brûlage(10), y consiste en quemar el negativo con una llama de alcohol etílico. De este modo el artista sólo tenía control sobre el resultado de una manera parcial, con lo que se entronca con la azaridad para la producción, es lo que los surrealistas llamaban el divino azar.
El atractivo de este tipo de técnicas radica en el hecho de que pese a las distorsiones obtenidas, la imagen aún retiene algo de su carácter “documental” y además proporciona el equivalente visual de otra realidad percibida en los sueños(11)
Raoul Ubac también experimentó con combinaciones de técnicas. Ubac produjo, en series de trabajo, un complejo ensamblaje de fotografía de cuerpos humanos que eran deformados, pegados en un fondo negro, refotografiados y después resolarizados. El resultado eran cuerpos semi-humanos, con formas extrañas que no podían ser vistas completamente ni interpretadas racionalmente, así es que creaban un significado multidimensional, tal y como se esperaba de cualquier trabajo denominado surrealista.
El fotomontaje y el fotocollage proporcionaron más riqueza a las técnicas surrealistas con yuxtaposiciones de objetos altamente divergentes o creando un nuevo tiempo o espacio, lo que era el armazón que producía repentina y físicamente nuevos significados reveladores. Así que no es de extrañar que el propio André Bretón dijera que el fotomontaje era una verdadera fotografía del pensamiento, también lo asimilaba con la escritura automática.
Ambas técnicas, el fotomontaje y el fotocollage, fueron usadas por muchos surrealistas como Salvador Dalí, Paul Eluard, André Breton, el poeta Jaques Prevert, Erwin Blumenfeld y un largo etcétera que utilizó este método como única conexión con la fotografía.
Un caso diferente es el de Herbert Bayer que desde 1929 hasta 1936 ejecutó, no sólo fotomontaje, que era frecuentemente retocado y pintado, sino que también hacía “fotoplásticas” que tomaban su nombre de las formas plásticas tales como huesos o cuerpos geométricos que se combinaban con elementos naturales como nubes, agua o sombras.
Con un modo de ver objetos normales en un numero infinito de planos psicológicos más allá del objeto en sí mismo, autores como Brassaï han logrado la técnica conocida como Transmutación. Bajo este título recogió entre 1934 y 1935 una serie de “Cliché verre” -grabados negativos de cristal reproducidos fotográficamente.
La diversidad de técnicas empleadas nos hace tener una idea del carácter experimental de la fotografía en el ámbito surrealista, utilizada para dejar clara la azaridad existente en la vida cotidiana y por supuesto para encontrar mediante las deformaciones y asociaciones producidas un modo de llegar más allá de la realidad, a la surrealidad.
Antecedentes y efluvios de la fotografía surrealista
Cronológicamente deberíamos situar la primera fotografía surrealista en una fecha posterior a 1924 en que se hizo público el “Primer Manifiesto Surrealista”, que tradicionalmente marca el comienzo del movimiento. Sin embargo podemos decir que hay numerosas fotografías del siglo XIX que se podrían poner en relación con lo que será posteriormente la estética de la fotografía surrealista. Este es el caso de obras como los calotipos de Alois Loecher o fotomontajes decimonónicos que podría haber pertenecido fácilmente al grupo de Breton. Esto no viene sino a afirmar que la fotografía surrealista existe desde los primeros tiempos de la fotografía(12).
Pese a esta afirmación, sólo unas cuantas fotografías anteriores al movimiento fueron consideradas “dignas” de representar su ideología, y por ello adecuadas para ilustrar las publicaciones surrealistas, como por ejemplo la obra de Atget (imagen 6), autor por el que el grupo sintió una gran admiración, lo que se nota en los trabajos de autores como Bill Brandt o Clarence Laughlin(13).
La fascinación por Atget resulta paradójica si tenemos en cuenta el carácter puramente documental de su obra, puesto que es el primer fotógrafo moderno que intentó registrar fragmentos de la realidad tal y como los captaba la cámara, sin interpretación distorsionada alguna(14).
Sin embargo los surrealistas quisieron ver un aspecto que va más allá de lo informativo. Retransmitía, en sus fotografías de París, situaciones íntimas donde se dejaban notar las mismas sensaciones que podría experimentar un viandante al caminar por la calle(15).
El grupo también bebe de las fuentes de la imaginería popular, como pueden ser las postales. Tanto Salvador Dalí como Paul Eluard coleccionaban postales y en 1937 se imprimió una serie llamada “Le carte surrealiste”, donde se incluían postales de Duchamp, Max Ernst, Dora Maar, Miró y Man Ray entre otros.
Una vez establecidos los posibles precedentes, entre los que se encuentra por supuesto el dadá, con el puente de unión de Man Ray, el problema está en encontrar cuándo termina el surrealismo fotográfico.
Parece claro que tras la Segunda Guerra Mundial y el exilio a Estados Unidos de muchos de los componentes del grupo, la fotografía surrealista declinó drásticamente puesto que las publicaciones surrealistas no suministraban un lugar de encuentro para los fotógrafos(16).
En un primer momento, hacia los años `40 y `50, el surrealismo fotográfico se adaptó al mundo de la publicidad, en los “mass media”, lo cual no es una ventaja si tenemos en cuenta que no siempre se llegan a integrar los conceptos surrealistas. Entendiéndolos así se puede llegar a una “deformación” del surrealismo. Este es el caso de Cecil Beaton, fotógrafo de moda que ha sido tildado de “surrealista kitsch”(17).
El arte fotográfico contemporáneo también se ha visto influido por el surrealismo. Autores como Les Krims, Eugene Meatyard, (imagen 7) Jerry Uelsmann y Michael Bissop entre otros, intentan expresar significados íntimos como opuestos al hecho documental.
Uno de los autores surrealistas contemporáneos más consumados es el Les Krims. En él se puede encontrar la pregunta surrealista sobre los límites del arte y la vida. Además su arte se basa en la imaginación y la estructura antirracional; sus resultados absurdos y violentos pretenden introducir al espectador en un nuevo modo de visión, se trata de un arte conceptual pero en el que subyace un cierto tono surrealista. Experimentó también con las cámaras Polaroid aprovechando su flexibilidad para modificar sus imágenes y cambiar sus significados. Esta misma técnica la utilizó Lucas Samaras en sus “Photo-Transformations”. (imagen 8)
Aunque pocos fotógrafos contemporáneos reconocen la influencia del surrealismo, muchos exhiben una asimilación inconsciente a las ideas surrealistas. Por ejemplo Rick Schaeffer utiliza el mundo brillante de Las Vegas para exponer las incongruencias del mundo “real”. O Deborah Turbeville cuyas fotografías nos crean una sensación misterio y sugestión, son imágenes creadas a partir de atmósferas caprichosas y figuras emplazadas en lugares misteriosos, llegando a captar la desolación psicológica del mundo moderno (imagen 9).
Se trata, en casi todos estos casos de fotografía contemporánea con ecos surrealistas, de obras “puras” donde no hay distorsiones o manipulaciones, y donde este toque de surrealismo viene dado por lo grotesco, lo misterioso o lo evocador de las imágenes mostradas, que nos ofrecen con ello otra visión de la realidad.
Sin embargo, más que basarnos en estas publicaciones, tendremos en cuenta las opiniones de los propios surrealistas a la hora de valorar la fotografía.
Es inevitable el hacer alusión al teórico principal del grupo, a su máximo exponente y creador, André Breton, y sus opiniones respecto al medio.
En el primer “Manifiesto del surrealismo” de 1924, el poeta resaltó su preferencia de lo verbal frente a las imágenes visuales. Él negaba la representación realista en cualquier medio, incluso en el escrito. Para ello prescribe el automatismo como un antídoto, en particular las imágenes cuyas yuxtaposiciones y combinaciones de elementos familiares que nos llevan más allá de la realidad sin referencias externas, estas so las llamadas las metáforas surrealistas(20).
Cuatro años después, en “Surrealismo y Pintura” reconocía la posibilidad de una relación entre dicho movimiento y el arte pictórico, pero todavía renegaba del arte realista, insistiendo que el arte plástico debía responder a un modelo interior.
Poco a poco Breton irá mostrando más interés por el medio fotográfico, llegando a afirmar en esta misma obra que la fotografía es capaz de “comprometer” a la realidad, pese a esto, Breton llegó a la conclusión de que la fotografía jamás podría representar puramente el modelo interior por él propuesto.
Todas las contradicciones en la postura de Breton sobre la fotografía quedan patentes en las dificultades que tuvo al ilustrar “Nadja” escrito en 1927. Está claro que Breton pretendía utilizar las fotografías para su libro, no como un catálogo de ilustraciones que evocaran al subconsciente, sino más bien como un conjunto de imágenes que ahorrara lo descriptivo en la literatura(21).
Las fotografías no las realizó Breton, sino que fueron encargadas a Man Ray, que se encargó de los retratos de los surrealistas, mientras que Jaques-André Boiffard y Henri Manuel se encargaron las calles y los monumentos.
Sin embargo estas fotografías no le produjeron a Breton sino una gran decepción, puesto que encontró en ellas una reproducción semejante a la de una postal, pero no consiguen transmitir el misterio que percibían los surrealistas en las calles y que él pretendía transmitir con su obra(22).
Las imágenes verificaban la real existencia de las personas y lugares que en el libro se mencionaban, pero no llegaban a representar el paisaje mental de la narrativa de la obra de Breton.
Por otra parte tenemos a Man Ray, que fascinó a los surrealistas con su obra, puesto que veían en sus distorsiones aleatorias un posible modo de reacción frente al realismo así como un camino de la poesía, puesto que la fotografía es un lugar donde no hay una regla estética prefijada.
Este artista americano llegó a afirmar que la fotografía no es artística(23), rechazando además la profesionalización de la fotografía algo que la hacía más artística. Se ve aquí la función de la fotografía como un revulsivo para renovar el concepto clásico y burgués de la artisticidad y la autoría.
Sin embargo este mismo autor destacó en el texto “La fotografía puede ser arte” el carácter de dicho medio como modo de expresión privado y personal, así como la condición de la cámara como herramienta indispensable para crear fines creativos más elevados que la mera transcripción objetiva, siempre y cuando haya una inteligencia creadora después de la lente(24).
Ubac por su parte entendía la fotografía como territorio de exploración técnica y sensorial, afirmando que la cámara en primer lugar es un útil. Esto se plasma físicamente en las solarizaciones, disoluciones de la imagen en fluidos, etc. Tenemos aquí la postura experimental del surrealismo, que busca nuevas técnicas para llegar al inconsciente.
Dalí por su parte afirmaba que la fotografía es el vehículo más seguro de la poesía y el proceso más seguro para percibir los más delicados trasvases entre la realidad y la surrealidad(25).
En 1927 el mismo Dalí publicó un artículo titulado “Fotografía, pura creación del espíritu”, en el que elogia su objetividad, su rapidez y la capacidad que tiene de trastocar los objetos con un simple cambio de escala puesto que “provoca insólitos parecidos, analogías inimaginables y, no obstante, existentes”(26).
Entramos aquí en el conflicto de la representación real inherente a la fotografía y su relación con el surrealismo. Algo que el propio Breton quería para sus obras.
En los primeros años veinte, la fotografía era concebida tanto por la sociedad como por los artistas como una transcripción literal de la realidad y, pese a que parezca que esto nada puede aportar al surrealismo, será este aspecto precisamente lo que reutilizarán los surrealistas para su provecho, puesto que una fotografía tenía más credibilidad que una pintura a la hora de representar un sueño o cualquier otra imagen que evocara al inconsciente, y así puede incitar más, por su aspecto de realidad, a despertar la conciencia.
Mediante la fotografía, el surrealista era capaz de reinventar el mundo, de trastocar las referencias situándonos en un nuevo espacio de representación, extraño y ajeno al que una vez sirvió de referencia en el acto de fotografiar el objeto. Y es que la realidad se transforma en una visión diferente de sí misma por medio de la fotografía.
Lo que se pretende en la fotografía surrealista es que el objeto se recree en la imagen para convertirse en una versión diferente de sí mismo, una imagen distanciada de su apariencia normal pero sin perder su conciencia propia, haciendo de filtro evocador del inconsciente en el espectador que mira la fotografía.
Se puede explicar así la preferencia de Breton de ilustrar sus obras literarias con fotografías, otorgando con ellas un carácter de realidad pero a la vez pretendiendo ir más allá y transmitir con esas imágenes los sentimientos más profundos del autor y de los surrealistas hacia los objetos representados en las fotografías.
De este modo el surrealismo intentará evidenciar un “algo” oculto en la realidad, se manifestará el inconsciente a través del acto creativo de igual modo que en la escritura automática, puesto que nada tiene que ver el artista con lo que se está plasmando en el negativo(27), dejando además patente lo aleatorio del acto fotográfico, la casualidad, puesto que para la aparición de una determinada imagen varía en cuestión del momento en el que se aprieta el obturador, quedando clara pues la azaridad del acto fotográfico.
Como resumen, se puede decir que la fotografía estuvo presente durante los años veinte, en las publicaciones para definir e ilustrar lo que era el surrealismo, no sólo en el aspecto estético, o doctrinal, sino que también ayudó a fomentar el espíritu puramente experimental del surrealismo
Los llamados "object trouvé" u "objetos encontrados" serán ampliamente representados en la fotografía surrealista.
Otras técnicas muy extendidas en el mundo de la imagen son los rayogramas de Man Ray, las schadografías de Christian Schad o los fotogramas de Moholy-Nagy.
El modo de trabajar de estos fotógrafos se basaba en el automatismo, en la representación inconsciente de la realidad y en la manipulación de sus imágenes.
La fotografía en la época de las vanguardias
Desde sus principios y a lo largo del siglo XIX a la fotografía le fue asignado el papel de retratista de la sociedad industrial y burguesa, sin que por ello dejaran de hacerse otro tipo de fotografías, cercanas al fotoperiodismo, de paisajes o científicas, llegándose a plantear el inevitable paralelo de la pintura con la fotografía y demás artes plásticas, especialmente la pintura.Sería en 1900 con el llamado movimiento pictorialista cuando se formuló claramente el propósito de equiparar la fotografía a la pintura, donde ya se daba la manipulación, son las llamadas “impresiones nobles” que transformaban el positivo en una obra única, pero el pictorialismo no iba más allá de un intento de alineación de la fotografía con la pintura (1).
Esta tendencia se mantendrá hasta después de la Primera Guerra Mundial en que la fotografía se empiece a considerar como elemento de un lenguaje plástico. Son años en los que surgen varias tendencias para la utilización de la fotografía, con planteamientos y fines distintos, pero que tienen en común la idea de que la imagen lumínica es algo diferente que no tiene por qué imitar la pintura y que expresa perfectamente lo que es el siglo XX, que parece arrancar tras la Gran Guerra.
Es un lenguaje nuevo que reconocen todos los “ismos” vanguardistas, es la expresión de la modernidad, totalmente identificada con los Estados Unidos, donde destacan figuras como el alemán Stielglitz o Steichen, que supieron dar el paso para abandonar la fotografía decimonónica por una fotografía directa y libre.
Hay que resaltar en este aspecto el papel pionero de los futuristas italianos que, antes de la Gran Guerra, comenzaron a utilizar la fotografía en su vertiente vanguardista. También anterior a la Primera Guerra Mundial fue la vertiente vorticista y las llamadas “schadografías”, obra de Schad que fueron ensalzadas por Tristan Tzara como expresión dadaísta.
El mismo Tzara haría el prólogo en 1922 de la exposición de los doce “rayogramas” que presentó Man Ray bajo el título “Les Champs déliciux”. En el mismo ámbito estaba Laszlo Moholy-Nagy, que denominó a sus obras fotogramas.
Este tipo de fotografías de Schad, Man Ray o Moholy-Nagy, vienen a ser lo que Talbot denominó en 1839 “photogenic drawings”, esto es una imagen negativa obtenida por la impresión directa de objetos colocados encima de la superficie fotosensible sin el intermedio de la cámara.(2)
El modelo soviético también es punto de visión para las vanguardias europeas, como es el caso del constructivismo, que tuvo gran acogida en Alemania y que recurre con gran frecuencia al fotomontaje.
A este uso del fotomontaje se opone la “Nueva Objetividad”, cuyo principal componente es Albert Renger-Patzch, que no quiere recurrir a ningún trucaje sino que pretende únicamente expresar lo que se ofrece a la vista, a través de la capacidad selectiva de la cámara. El grupo californiano f/64 surge casi simultáneamente buscando en la obra la precisión y la nitidez, precognizando lo que será la fotografía pura.
Pero ciertamente, donde la fotografía jugará el papel más influyente será en la definición del espíritu surrealista de la época, siendo la manera en la que la cámara veía el mundo, lo que ayudara a consolidar el ideario surrealista. De este modo lo fotográfico imprimirá nuevos aires en los modos de percepción de la vanguardia.(3)
3.2 La fotografía surrealista
Es precisamente en el momento en el que la fotografía se despreocupa de su condición artística, desligándose de los planteamientos estéticos tradicionales, cuando adquiere un estatus creador, pero ahora es la fotografía una disciplina autónoma, así es que se convertirá en un medio de expresión para todos los creadores transgresores de los años veinte y treinta que son los afiliados al movimiento surrealista.Lo que el surrealimo absorbió del modelo fotográfico fue fundamentalmente su modo de operar y proceder en imágenes mediante la articulación inconsciente de la realidad, para ello se sirvió de dos procedimientos: las fotografías manipuladas, o surrealismo técnico, y las que no fueron manipuladas, o surrealismo “encontrado”(4)
Respecto a las fotografías manipuladas, fueron bastantes las técnicas inventadas para transmitir conceptos surrealistas como el automatismo y la libre asociación de ideas.
Para comprender como la fotografía puede traducir estas ideas surrealistas, hay que recordar que la manipulación de la imagen es plenamente aceptable en cuanto a que rompe las reglas de la realidad y libera la invención y la creatividad. Se producen así extrañas formas que rozan lo onírico y que ayudan al inconsciente a aflorar por medio de los sentidos.
Sin embargo fue grande el número de los fotógrafos surrealistas que no presentaron una realidad distorsionada a través de la cámara, sino que asumieron en sus imágenes el carácter documental que éstas poseen gracias a su inevitable condición de registros mecánicos, y que no hacen más que transmitir los llamados “objetos encontrados”.
La temática de las fotografías surrealistas
Si el movimiento surrealista estuvo interesado por renovar la psicología, la filosofía, la etnografía, la antropología y por supuesto, la sociología(5), no es extraño que encontremos en sus fotografías estos temas; así es que habiéndose convertido la fotografía en uno de los vehículos más eficientes y presentes en el proyecto surrealista, el movimiento acabó asumiendo el medio fotográfico no sólo con un carácter artístico, sino también con otros aspectos divulgativos- para ilustrar sus revistas o libros(6)-, como retratístico de los miembros del movimiento, como medio para conocer otras culturas lejanas, etc.
Podemos entonces encontrar numerosas fotografías de las calles de París, unas que no se diferenciarían de cualquier otra fotografía, y otras que aprovechan acontecimientos que marcan la introducción en la vida cotidiana, de fuerzas irracionales, así como de elementos captados por la cámara al azar, resaltando de este modo la azaridad de las cosas y estableciendo con ello un vínculo con la escritura automática.
Tenemos también numerosas imágenes que muestran objetos cotidianos pero que, al presentarse descontextualizados, llegan a alcanzar otras dimensiones, lo cual no implica que se trate de imágenes menos multidimensionales que las manipuladas, ya que se rompe igualmente la asociación normal, como ocurre con las pinturas y las fotografías de Magritte, cuyos enigmas dependen de las interrelaciones de simples objetos y las asociaciones que ellos despiertan.
Brassaï también utilizó imágenes sin trastocar, en las que pretendía encontrar, sin ninguna intervención, las figuras ocultas que yacen en cada imagen mental. La fotografía se convierte así en la materia prima, en el punto de partida de las mutaciones y las transmutaciones de los objetos.
Además Brassaï ejecutó series de fotografías de graffitis de las calles de París que para el autor llevaban a vías sugestivas para la imaginación que intentaban liberar efectos alucinatorios a través de la contemplación, y así se puede usar el graffiti como el punto de partida para la meditación, permitiendo al espectador derivar el graffiti en imágenes de su propia imaginación.
Otro tema utilizado en las fotografías surrealistas es aquel que busca una mitología contemporánea(7), donde en vez de tener dioses y diosas habría personificaciones de nuestros temores, frustraciones o dilemas. Las personas retratadas no se representan -a no ser que se trate de un retrato- como individuos, sino como símbolos de los estados de la mente.
Son numerosas las fotografías de cuerpos femeninos, utilizados como objeto surrealista, al igual que en la pintura. Por ejemplo Bellmer utilizó la imagen de niña-mujer como seductora erótica en sus variaciones en la construcción de muñecas articuladas, para lo que se valió de un maniquí que ensamblaba para hacer figuras imposibles que rozan con el inconsciente (imagen 1).
Y es que los surrealistas reinventan el cuerpo femenino como síntoma, lo inmovilizan como maniquí, lo someten a un proceso de fetichización que, como dice años más tarde Laura Mulvey, no habla de su placer, sino de su miedo(8).
Sí es cierto que en la fotografía abundan los cuerpos, pero no siempre es el femenino, pongamos por ejemplo los dedos y pies gigantes de Boiffard, de los que no se sabe a quien pertenecen y que además no se muestran como parte integrante de la totalidad de un cuerpo, sino que toman una autonomía propia que también nos lleva a un campo onírico, un tanto monstruoso (imagen 2)
Además la distorsión del cuerpo humano es un tema habitual en la imaginería surrealista. Herbert Bayer, Nathan Lerner o André Kertesz tienen ejemplos de este tipo de representación del cuerpo (imagen 3)
Por su parte Bill Brandt realizó numerosas distorsiones del cuerpo femenino, mientras que Phillipe Halsman recopiló retratos distorsionados de Salvador Dalí
Pero el cuerpo humano también se utilizó unido a su imagen especular, de este modo se produce la emanación del inconsciente en la imagen reflejada al ser enfrentada a su imagen real. Por ejemplo las distorsiones de Kertesz profundizaron en esta doble interpretación del espejo, desdoblamiento por un lado y extrañeza por el otro, y crea así una serie entera dedicada a este efecto (imagen 4) En otros casos prima el efecto deformante por sí mismo del espejo, sin que aparezca la en la fotografía la imagen que sirve de referente.
Además de esta representación del cuerpo humano, no es extraño encontrar fotografías de objetos que por sí mismos son surrealistas, independientemente de su plasmación o no en el papel, así como objetos fabricados con el único propósito de fotografiarlos.
Las técnicas empleadas en la fotografía surrealista Como queda dicho, los fotógrafos surrealistas utilizaron técnicas como el pintar los negativos, duplicar y triplicar la exposición, la solarización y también el método de la fotografía sin cámara que Man Ray denominara rayografía (imagen 5). Estas rayografías eran la equivalencia en la fotografía de la escritura automática(9).
También se inventaron otras técnicas adicionales para la fotografía surrealista, así por ejemplo Guerin juntó dos negativos, uno de un paisaje convencional, y otro de una cristalización producto de haber permitido que cerveza u otros líquidos cristalizaran en un cristal. Esto entra en relación con lo que Max Ernst hacía en su organización subjetiva del reino animal, vegetal y mineral.
Única en el surrealismo, es la técnica inventada con total desconocimiento de esta anterior, viene de la mano de Raoul Ubac y al americano David Hare, se denomina Brûlage(10), y consiste en quemar el negativo con una llama de alcohol etílico. De este modo el artista sólo tenía control sobre el resultado de una manera parcial, con lo que se entronca con la azaridad para la producción, es lo que los surrealistas llamaban el divino azar.
El atractivo de este tipo de técnicas radica en el hecho de que pese a las distorsiones obtenidas, la imagen aún retiene algo de su carácter “documental” y además proporciona el equivalente visual de otra realidad percibida en los sueños(11)
Raoul Ubac también experimentó con combinaciones de técnicas. Ubac produjo, en series de trabajo, un complejo ensamblaje de fotografía de cuerpos humanos que eran deformados, pegados en un fondo negro, refotografiados y después resolarizados. El resultado eran cuerpos semi-humanos, con formas extrañas que no podían ser vistas completamente ni interpretadas racionalmente, así es que creaban un significado multidimensional, tal y como se esperaba de cualquier trabajo denominado surrealista.
El fotomontaje y el fotocollage proporcionaron más riqueza a las técnicas surrealistas con yuxtaposiciones de objetos altamente divergentes o creando un nuevo tiempo o espacio, lo que era el armazón que producía repentina y físicamente nuevos significados reveladores. Así que no es de extrañar que el propio André Bretón dijera que el fotomontaje era una verdadera fotografía del pensamiento, también lo asimilaba con la escritura automática.
Ambas técnicas, el fotomontaje y el fotocollage, fueron usadas por muchos surrealistas como Salvador Dalí, Paul Eluard, André Breton, el poeta Jaques Prevert, Erwin Blumenfeld y un largo etcétera que utilizó este método como única conexión con la fotografía.
Un caso diferente es el de Herbert Bayer que desde 1929 hasta 1936 ejecutó, no sólo fotomontaje, que era frecuentemente retocado y pintado, sino que también hacía “fotoplásticas” que tomaban su nombre de las formas plásticas tales como huesos o cuerpos geométricos que se combinaban con elementos naturales como nubes, agua o sombras.
Con un modo de ver objetos normales en un numero infinito de planos psicológicos más allá del objeto en sí mismo, autores como Brassaï han logrado la técnica conocida como Transmutación. Bajo este título recogió entre 1934 y 1935 una serie de “Cliché verre” -grabados negativos de cristal reproducidos fotográficamente.
La diversidad de técnicas empleadas nos hace tener una idea del carácter experimental de la fotografía en el ámbito surrealista, utilizada para dejar clara la azaridad existente en la vida cotidiana y por supuesto para encontrar mediante las deformaciones y asociaciones producidas un modo de llegar más allá de la realidad, a la surrealidad.
Antecedentes y efluvios de la fotografía surrealista
Cronológicamente deberíamos situar la primera fotografía surrealista en una fecha posterior a 1924 en que se hizo público el “Primer Manifiesto Surrealista”, que tradicionalmente marca el comienzo del movimiento. Sin embargo podemos decir que hay numerosas fotografías del siglo XIX que se podrían poner en relación con lo que será posteriormente la estética de la fotografía surrealista. Este es el caso de obras como los calotipos de Alois Loecher o fotomontajes decimonónicos que podría haber pertenecido fácilmente al grupo de Breton. Esto no viene sino a afirmar que la fotografía surrealista existe desde los primeros tiempos de la fotografía(12).
Pese a esta afirmación, sólo unas cuantas fotografías anteriores al movimiento fueron consideradas “dignas” de representar su ideología, y por ello adecuadas para ilustrar las publicaciones surrealistas, como por ejemplo la obra de Atget (imagen 6), autor por el que el grupo sintió una gran admiración, lo que se nota en los trabajos de autores como Bill Brandt o Clarence Laughlin(13).
La fascinación por Atget resulta paradójica si tenemos en cuenta el carácter puramente documental de su obra, puesto que es el primer fotógrafo moderno que intentó registrar fragmentos de la realidad tal y como los captaba la cámara, sin interpretación distorsionada alguna(14).
Sin embargo los surrealistas quisieron ver un aspecto que va más allá de lo informativo. Retransmitía, en sus fotografías de París, situaciones íntimas donde se dejaban notar las mismas sensaciones que podría experimentar un viandante al caminar por la calle(15).
El grupo también bebe de las fuentes de la imaginería popular, como pueden ser las postales. Tanto Salvador Dalí como Paul Eluard coleccionaban postales y en 1937 se imprimió una serie llamada “Le carte surrealiste”, donde se incluían postales de Duchamp, Max Ernst, Dora Maar, Miró y Man Ray entre otros.
Una vez establecidos los posibles precedentes, entre los que se encuentra por supuesto el dadá, con el puente de unión de Man Ray, el problema está en encontrar cuándo termina el surrealismo fotográfico.
Parece claro que tras la Segunda Guerra Mundial y el exilio a Estados Unidos de muchos de los componentes del grupo, la fotografía surrealista declinó drásticamente puesto que las publicaciones surrealistas no suministraban un lugar de encuentro para los fotógrafos(16).
En un primer momento, hacia los años `40 y `50, el surrealismo fotográfico se adaptó al mundo de la publicidad, en los “mass media”, lo cual no es una ventaja si tenemos en cuenta que no siempre se llegan a integrar los conceptos surrealistas. Entendiéndolos así se puede llegar a una “deformación” del surrealismo. Este es el caso de Cecil Beaton, fotógrafo de moda que ha sido tildado de “surrealista kitsch”(17).
El arte fotográfico contemporáneo también se ha visto influido por el surrealismo. Autores como Les Krims, Eugene Meatyard, (imagen 7) Jerry Uelsmann y Michael Bissop entre otros, intentan expresar significados íntimos como opuestos al hecho documental.
Uno de los autores surrealistas contemporáneos más consumados es el Les Krims. En él se puede encontrar la pregunta surrealista sobre los límites del arte y la vida. Además su arte se basa en la imaginación y la estructura antirracional; sus resultados absurdos y violentos pretenden introducir al espectador en un nuevo modo de visión, se trata de un arte conceptual pero en el que subyace un cierto tono surrealista. Experimentó también con las cámaras Polaroid aprovechando su flexibilidad para modificar sus imágenes y cambiar sus significados. Esta misma técnica la utilizó Lucas Samaras en sus “Photo-Transformations”. (imagen 8)
Aunque pocos fotógrafos contemporáneos reconocen la influencia del surrealismo, muchos exhiben una asimilación inconsciente a las ideas surrealistas. Por ejemplo Rick Schaeffer utiliza el mundo brillante de Las Vegas para exponer las incongruencias del mundo “real”. O Deborah Turbeville cuyas fotografías nos crean una sensación misterio y sugestión, son imágenes creadas a partir de atmósferas caprichosas y figuras emplazadas en lugares misteriosos, llegando a captar la desolación psicológica del mundo moderno (imagen 9).
Se trata, en casi todos estos casos de fotografía contemporánea con ecos surrealistas, de obras “puras” donde no hay distorsiones o manipulaciones, y donde este toque de surrealismo viene dado por lo grotesco, lo misterioso o lo evocador de las imágenes mostradas, que nos ofrecen con ello otra visión de la realidad.
3.3. La fotografía en los textos surrealistas
Hacia los años treinta la imagen documental había proliferado, ilustrando e incrementando su número en los periódicos y revistas. Pronto la fotografía comenzó a ser vista como una extensión del arte, de manera que, autores como Marc Orlan llegó a considerar que la fotografía era el gran arte de expresión de nuestra era(18). De hecho para él la fotografía no era sólo una ilustración, sino que inspira y complementa el trabajo de los escritores. En este aspecto hay que recordar que la mayoría de los fotógrafos surrealistas eran escritores o trabajaban con amigos escritores. La actividad de la fotografía surrealista se encuentra pues en los textos, en las revistas tituladas “La revolution surrealiste” (1924-29), “Le surrealisme au service de la révolution” (1930-33), “Minotaure” (1933-39), además de la revista “Documents” (1929-30) y varios libros como “Nadja”, “Les vases comunicantes” y “L´Amour fou”, de André Breton(19).Sin embargo, más que basarnos en estas publicaciones, tendremos en cuenta las opiniones de los propios surrealistas a la hora de valorar la fotografía.
Es inevitable el hacer alusión al teórico principal del grupo, a su máximo exponente y creador, André Breton, y sus opiniones respecto al medio.
En el primer “Manifiesto del surrealismo” de 1924, el poeta resaltó su preferencia de lo verbal frente a las imágenes visuales. Él negaba la representación realista en cualquier medio, incluso en el escrito. Para ello prescribe el automatismo como un antídoto, en particular las imágenes cuyas yuxtaposiciones y combinaciones de elementos familiares que nos llevan más allá de la realidad sin referencias externas, estas so las llamadas las metáforas surrealistas(20).
Cuatro años después, en “Surrealismo y Pintura” reconocía la posibilidad de una relación entre dicho movimiento y el arte pictórico, pero todavía renegaba del arte realista, insistiendo que el arte plástico debía responder a un modelo interior.
Poco a poco Breton irá mostrando más interés por el medio fotográfico, llegando a afirmar en esta misma obra que la fotografía es capaz de “comprometer” a la realidad, pese a esto, Breton llegó a la conclusión de que la fotografía jamás podría representar puramente el modelo interior por él propuesto.
Todas las contradicciones en la postura de Breton sobre la fotografía quedan patentes en las dificultades que tuvo al ilustrar “Nadja” escrito en 1927. Está claro que Breton pretendía utilizar las fotografías para su libro, no como un catálogo de ilustraciones que evocaran al subconsciente, sino más bien como un conjunto de imágenes que ahorrara lo descriptivo en la literatura(21).
Las fotografías no las realizó Breton, sino que fueron encargadas a Man Ray, que se encargó de los retratos de los surrealistas, mientras que Jaques-André Boiffard y Henri Manuel se encargaron las calles y los monumentos.
Sin embargo estas fotografías no le produjeron a Breton sino una gran decepción, puesto que encontró en ellas una reproducción semejante a la de una postal, pero no consiguen transmitir el misterio que percibían los surrealistas en las calles y que él pretendía transmitir con su obra(22).
Las imágenes verificaban la real existencia de las personas y lugares que en el libro se mencionaban, pero no llegaban a representar el paisaje mental de la narrativa de la obra de Breton.
Por otra parte tenemos a Man Ray, que fascinó a los surrealistas con su obra, puesto que veían en sus distorsiones aleatorias un posible modo de reacción frente al realismo así como un camino de la poesía, puesto que la fotografía es un lugar donde no hay una regla estética prefijada.
Este artista americano llegó a afirmar que la fotografía no es artística(23), rechazando además la profesionalización de la fotografía algo que la hacía más artística. Se ve aquí la función de la fotografía como un revulsivo para renovar el concepto clásico y burgués de la artisticidad y la autoría.
Sin embargo este mismo autor destacó en el texto “La fotografía puede ser arte” el carácter de dicho medio como modo de expresión privado y personal, así como la condición de la cámara como herramienta indispensable para crear fines creativos más elevados que la mera transcripción objetiva, siempre y cuando haya una inteligencia creadora después de la lente(24).
Ubac por su parte entendía la fotografía como territorio de exploración técnica y sensorial, afirmando que la cámara en primer lugar es un útil. Esto se plasma físicamente en las solarizaciones, disoluciones de la imagen en fluidos, etc. Tenemos aquí la postura experimental del surrealismo, que busca nuevas técnicas para llegar al inconsciente.
Dalí por su parte afirmaba que la fotografía es el vehículo más seguro de la poesía y el proceso más seguro para percibir los más delicados trasvases entre la realidad y la surrealidad(25).
En 1927 el mismo Dalí publicó un artículo titulado “Fotografía, pura creación del espíritu”, en el que elogia su objetividad, su rapidez y la capacidad que tiene de trastocar los objetos con un simple cambio de escala puesto que “provoca insólitos parecidos, analogías inimaginables y, no obstante, existentes”(26).
Entramos aquí en el conflicto de la representación real inherente a la fotografía y su relación con el surrealismo. Algo que el propio Breton quería para sus obras.
En los primeros años veinte, la fotografía era concebida tanto por la sociedad como por los artistas como una transcripción literal de la realidad y, pese a que parezca que esto nada puede aportar al surrealismo, será este aspecto precisamente lo que reutilizarán los surrealistas para su provecho, puesto que una fotografía tenía más credibilidad que una pintura a la hora de representar un sueño o cualquier otra imagen que evocara al inconsciente, y así puede incitar más, por su aspecto de realidad, a despertar la conciencia.
Mediante la fotografía, el surrealista era capaz de reinventar el mundo, de trastocar las referencias situándonos en un nuevo espacio de representación, extraño y ajeno al que una vez sirvió de referencia en el acto de fotografiar el objeto. Y es que la realidad se transforma en una visión diferente de sí misma por medio de la fotografía.
Lo que se pretende en la fotografía surrealista es que el objeto se recree en la imagen para convertirse en una versión diferente de sí mismo, una imagen distanciada de su apariencia normal pero sin perder su conciencia propia, haciendo de filtro evocador del inconsciente en el espectador que mira la fotografía.
Se puede explicar así la preferencia de Breton de ilustrar sus obras literarias con fotografías, otorgando con ellas un carácter de realidad pero a la vez pretendiendo ir más allá y transmitir con esas imágenes los sentimientos más profundos del autor y de los surrealistas hacia los objetos representados en las fotografías.
De este modo el surrealismo intentará evidenciar un “algo” oculto en la realidad, se manifestará el inconsciente a través del acto creativo de igual modo que en la escritura automática, puesto que nada tiene que ver el artista con lo que se está plasmando en el negativo(27), dejando además patente lo aleatorio del acto fotográfico, la casualidad, puesto que para la aparición de una determinada imagen varía en cuestión del momento en el que se aprieta el obturador, quedando clara pues la azaridad del acto fotográfico.
Como resumen, se puede decir que la fotografía estuvo presente durante los años veinte, en las publicaciones para definir e ilustrar lo que era el surrealismo, no sólo en el aspecto estético, o doctrinal, sino que también ayudó a fomentar el espíritu puramente experimental del surrealismo
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