martes, 27 de diciembre de 2011

los peces rojos

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director: jose antonio nieves conde. drama. españa, 94 minutos. Actores: enma penella, arturo de cordova, pilar soler.
Estamos ante el que es, sin ningún género de duda, uno de los mejores trabajos de Nieves Conde y, por extensión, uno de los grandes filmes de suspense facturados en España. Que podría codearse sin ningún rubor con cualquiera de las grandes obras firmadas por Hitchcock y que seguramente junto a "El Cebo" de Vajda, constituye el punto culminante del género en nuestro país.

Protagonizada por dos enormes actores, como Emma Penella (deslumbrante de belleza y talento) y Arturo de Córdova (inolvidable su papel de marido celoso en "Él", de Buñuel y aquí igualmente brillante), la trama, diabólicamente urdida según guión de Carlos Blanco, nos cuenta los avatares de una pareja que llega a un pequeño hotel del norte de España (presuntamente) acompañada por su hijo. En la primera noche de estancia, el joven desaparece, al parecer tragado por el mar. A partir de ese momento, junto a la investigación policial para esclarecer los hechos, asistiremos al origen de ese suceso, con toda la serie de relaciones, engaños, intrigas y traiciones que acompañan las vidas de dichos personajes.

En esta época, en que los guiones pretendidamente sorpresivos e inesperados constituyen un camino recurrente para autores y cineastas, encontrar una obra de hace más de medio siglo, con un guión tan espléndidamente pergeñado y dirigido, resulta de lo más refrescante.
 Pero no nos equivoquemos otorgándole al argumento y a la construcción de la trama todo el mérito de la película, porque tan sólo es una parte. Importantísima, pero como digo, sólo atesora una porción del valor global de la misma. Y es que "Los peces rojos", además de ser una obra intrigante y absorbente, presenta una factura de sobresaliente acabado.

Desde la dirección de actores, hasta la fabulosa ambientación tanto en exteriores (ese Madrid populoso y alegre, en sus aspectos diurnos y nocturnos indistintamente) como en interiores, con un asombroso trabajo de decorados y una fotografía que podríamos decir que se sale casi por completo del clasicismo habitual de la época en España, para llevarnos de manera decidida a las formas más arriesgadas y llamativas de un Welles o del propio Buñuel (hay una serie de primeros planos de los actores en exquisita y poderosa angulación), o el propio ritmo narrativo, sin nada que envidiar al que imprime Carol Reed en "El tercer hombre", para llegar de nuevo a la rotunda efectividad de un argumento que no deja de evolucionar y de asumir riesgos de manera continuada.

Por supuesto, no voy a destripar más de lo necesario. Pero el hecho de que uno de los puntos en apariencia fundamentales que esconde el guión, se descubra a media película, no sólo no resta interés, sino que Nieves Conde consigue que le sirva como trampolín para ejecutar nuevos desafíos narrativos, con potentes flashbacks y recursos de toda índole. Para desembocar en un desenlace explicativo que, lejos de resultar redundante o estar de más, te deja sin habla, por lo bien contado que está y por la carga de tensión que transmite. En ese momento concreto, más que en ninguno otro de la película, Nieves Conde se pone en la oronda piel de Hitchcock y dicho traje no le viene grande en absoluto.

En definitiva, una obra singular y de obligada visión. Que en el marco contextual del cine de la época es casi una isla desierta, flotando en mitad del océano de historias costumbristas y de acentuado realismo coyuntural que poblaban el espectro cinematográfico de nuestro país (como es obvio, con algunas honrosas excepciones, como los trabajos de Edgar Neville y algún otro).

En ese sentido, resulta sintomática y regocijante una secuencia en la que Arturo de Córdova (que en el filme interpreta a un escritor sin suerte) se pelea dialécticamente con un editor que le exige historias realistas, puesto que según éste "lo neorrealista es lo que está de moda". De Córdova reacciona de modo furibundo a esa exigencia, como expresando la voluntad del propio Nieves Conde a la hora de salirse de las demandas dictadas por la industria y trazar su propio y libre camino.
 Situémonos. España, 1955. La dictadura franquista se encontraba en su máximo apogeo y los artistas e intelectuales españoles que habían conseguido esquivar el paredón se habían visto obligados a escoger entre contemporanizar con el régimen o emprender camino al exilio. El problema radicaba en que contemporanizar con el franquismo y hacer cine de calidad, por ejemplo, eran dos actividades prácticamente incompatibles. Entre otras cosas porque ser cineasta durante la dictadura presuponía, en la mayoría de los casos, integrarse sí o sí en su férreo mecanismo propagandístico o bien dedicarse a fabricar insulsos productos de reivindicación folclórica. Así pues, sumidos de lleno en este infausto y desolador páramo cultural resulta asombroso -y al mismo tiempo tremendamente estimulante- descubrir joyas tan valiosas como “Los peces rojos”. Una peli que, aún siendo imperfecta, poco le tiene que envidiar a la incombustible maquinaria de suspense hitchcockiana o a ese cine negro americano (y francés) que tantos y tan buenos títulos legó a la historia del séptimo arte.

Decía que la peli de Nieves Conde me parece asombrosa y estimulante porque sorprende y entusiasma hallar en la filmografía hispana de mediados de los cincuenta un film de intriga tan original y moderno en su planteamiento argumental y narrativo. Una peli cuyos contadísimos deslices (la excesiva teatralidad de De Córdova, algún que otro giro difícil de creer, la moraleja final...) quedan completamente disculpados y minimizados por la brillantez de su trama y por esa atmósfera opresiva de puro y genuino cine negro que rezuma por los cuatro costados. Pero lo que más me sorprende, quizás, es que se trate de un film tan desconocido. Y más teniendo en cuenta el mediocre nivel cinematográfico de la época. Si no me creéis, haced la siguiente prueba: seleccionad en el Top de FA las 50 mejores pelis españolas comprendidas entre 1900 y 1955. Efectivamente, “Los peces rojos” está en posiciones de top-ten (9ª). Desechad, todo lo más, “Muerte de un ciclista” y “Surcos” (también de Nieves Conde). ¿Vislumbráis alguna incuestionablemente mejor? Yo, no.
os peces rojos" es una pequeña joyita surgida de la mente de Carlos Blanco, un director reconocido por "Surcos" pero que, por lo que he visto, esconde mucho más de lo que podría parecer en un principio. Y esta película es el claro reflejo de un talento natural para contar historias, para darles profundidad y hacer que todos los elementos se unan en comunión para dar lugar a un film asfixiante y perturbador.

Mezclando intriga con elementos de cine negro, se nos narra la historia de una pareja que va con el hijo del varón a tomarse unas vacaciones a Gijón. Pero esa noche, el chaval cae al mar y su cuerpo desaparece... La historia comienza así y comienza a introducir elementos detectivescos, de investigaciones, jugando con el factor sorpresa para desencadenar una trama que nunca es previsible ni obvia.

Ayudan a obtener un gran nivel las interpretaciones de Emma Penella -una mujer llena de matices- y de Arturo de Córdova, secundados fantásticamente por un grupo de personajes genial. Blanco y negro de calidad para una historia universal, un retrato de la naturaleza humana que sorprende y deslumbra. Cine negro del bueno, con un gran reparto, una dirección eficaz y con un guión portentoso. A mi juicio, una de esas joyitas olvidadas del cine español y que nada tienen que envidiar a otras producciones más reconocidas, como "Muerte de un ciclista".

Datos: Partimos de una nota de 10. Nos acercamos a la historia atraídos por anteriores sinopsis con buen gusto. Además, recomendaciones previas respecto al director (la muy superior Surcos) hacen suponer que estamos ante una película excelente. Asímismo, partimos de una estructura lineal presentación-nudo-desenlace. La exposición temporal es indiferente, en este caso será por uso de flashbacks explicativos.

Planteamiento: Dividiremos la película en 2 partes. La primera consta de 56 minutos en los que el director presenta la película. Huelga decir que al llegar a este punto muchos espectadores habrán caído víctimas del sueño o de la impaciencia. Por lo general, la presentación de personajes puede estirarse hasta la media hora. Ir más allá implica poseer un guión milagroso, unas solventes interpretaciones o una pericia técnica que nos mantenga en alerta sobre lo que se nos cuenta. Pero no es el caso. El retrato del Madrid castizo está muy conseguido, es cierto. Pero la interpretación de Arturo de Córdova es demasiado culebronera, pese a que Penella trate de dejar la profesión a una altura digna. El sonido es horrible y no contribuye a que el espectador preste atención. Y si bien el director posee un buen manejo de cámara, no nos da pista alguna para catalogar la trama como intriga. Una parte que entusiasmará a los seguidores de Cine de Barrio.

La segunda parte consta de 32 minutos. Probablemente son 32 de los mejores minutos de todo el cine español. El director descubre sus cartas y mediante un juego bestial de primeros planos, contrapicados y una fotografía que ahora sí resalta la sensación opresiva (especialmente en la escena del tocadiscos), nos mantiene en vilo. Los actores suavizan el histrionismo de sus personajes y nos hacen partícipes de la trama. El guión nos vuelve a deleitar con otro quiebro que el mismísimo genio del suspense podría haber firmado. Y cuando la película va a ser premiada con unas décimas...llega el tío paco con las rebajas.

* El redondeo se da a la baja por joder la segunda parte con ese final metido con calzador y que ningún Algo verdaderamente extraño ocurre en esta país cuando una película tan buena como esta es tan poco conocida.

Más allá de las características propias del género negro o policiaco en el que se enmarca el filme, el argumento desarrollado por el magnífico guionista Carlos Blanco alberga un considerable interés al reflexionar, entre otras cosas, acerca del poder de la imaginación y la fantasía, que son valoradas ventajosamente respecto de la realidad. A uno de los protagonistas, escritor de poco éxito (Hugo), su editor le reprocha su exceso de imaginación, la falta de realismo de sus personajes e historias, pero ignora que es precisamente ese "defecto" en el que basa su vida, pues la realidad le resulta frustrante.

Con una estructura propia del género, basada en flashbacks (que finalmente se prefirió a un relato lineal), la película posee un arranque espectacular, apoyado en una buena ambientación y una eficaz puesta en escena, aspectos ambos muy destacados en todo el filme. El desarrollo de los personajes protagonistas es muy bueno, debido a lo bien perfiladas que resultan sus personalidades, juicio aplicable a los casos de Hugo e Ivón, pero también al de Carlos, hijo del primero, cuya presencia sobrevuela la cinta, magníficamente sugerida en secuencias tan brillantes y descriptivas como la que nos muestra detalladamente su habitación. Hay además un acercamiento irónico y surrealista al mundillo de las Revistas de Variedades, y un inteligente tratamiento de sentimientos como el amor o la ambición, al tiempo que se analiza -a través de Hugo- una mente que comienza a trastornarse, atrapada entre realidad y ficción.

Aparte del interesante argumento, el guión cuenta con buenos diálogos, y las interpretaciones son más que correctas, especialmente en el caso de Emma Penella, que a pesar de ser doblada (por problemas de sonido) desarrolla estupendamente los matices de su rico personaje. La labor de Nieves Conde destaca por la naturalidad y sencillez con que se desenvuelve en la narración y también por su cuidada planificación en las .me  encanta esta jodida película, es triste, pero aún la descubri hoy mismo. Y mi entusiamo no puede ser mayor, estamos hablando de un peliculón de consideración, no tiene nada que envidiar a hitch, el momento de rebeca, donde dice yo odiaba a rebeca, esta en este film, con lo del hijo, es la frustración de un escritor que se cree supeiror, pero es un pringao víctima de sus propias mentiras, enma penella, guapisima, esta increible, y el señor cordova, que decir, esta tremebundo en su papel de hombre con destino negro,. el guión da muchisimas piruetas, y la última media hora con saltos en el tiempo, es simplemente brutal. Sólo falla el final, es una pena, estoy seguro que el director, le hubiera gustado que su personaje se suicidará arrojandose al mar, pero jamás hubiera pasado la censura. de todas maneras obra maestra.

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