lunes, 26 de agosto de 2013

ray smith

Ray Smith nace en una ciudad fronteriza entre USA y México, y la especial iconografía de esas tierras asoma a su obra, matizada por una idea de orden, de contención, deudora de su interés por la pintura. Sus cuadros están poblados de atractivas figuras femeninas, exóticos animales y referencias a un paisaje amplio y actividades lúdicas. Su discurso, marcado por una férrea coherencia, hace de la gran escala su espacio de trabajo. Una escala relacionada con su Texas natal y con su interés por la obra de los muralistas mexicanos, como su manera de apoyarse en el dibujo.

El ánimo de su pintura, sin embargo, parece más próximo al espíritu dadá versión Picabia, como queda claro en el La Gran Vache II (1991), el excelente cuadro que abre la exposición. Sobre un fondo de simetrías, con algo de evocación paisajística, topográfica, une alusiones autobiográficas (el fondo reproduce el fragmento de una piel de novillo que, como los sapos, proceden de su iconografía infantil) y citas pictóricas (la picabiana pareja bailando, las máscaras de los carnavales de Ensor), con atractivos hallazgos, caso del sapo mapamundi. No hay detalle azaroso ni excedido en esta obra, verdadera arte pictórica y poética de Smith.


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